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Biografía
Biografía de María Zambrano
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Biografía

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1904-1924 Infancia y adolescencia
El nombre de María Zambrano (Vélez Málaga, 1904 - Madrid, 1991) está ligado de manera indeleble a la historia de la filosofía y al exilio republicano español de 1939. Su obra figura hoy entre la de los pensadores más innovadores del siglo XX. Asimismo, es indispensable subrayar que, para la escritora veleña, obra y vida forman una unidad indisoluble, por lo que un acercamiento a su biografía es aconsejable, si no imprescindible, para comprender su pensamiento.

Fue a comienzos de siglo, poco más de un quinquenio después del conocido “desastre” de 1898, cuando María Zambrano vino al mundo. Nació en Vélez-Málaga, un pueblo de interior de la Axarquía malagueña en el que sus padres, Blas Zambrano García de Carabante y Araceli Alarcón Delgado, ejercían de profesores. Sus padres, herederos de las ideas del krausismo, le dieron acceso y fomentaron desde una temprana edad una educación liberal en el contexto de una España en la que, según las cifras de la UNESCO, más de la mitad de la población estaba sumida en el analfabetismo.

En 1909, a consecuencia del trabajo de su padre, la familia se trasladó a Segovia, ciudad que marcaría los años formativos de la joven Zambrano. Allí leyó y conoció –entre otros– a dos destacados amigos de su padre: nada menos que a Miguel de Unamuno y a Antonio Machado. Ambos dejarían una huella duradera y significativa en su pensamiento. Del primero, aprendió la insuficiencia del racionalismo y, del segundo, el valor comunicativo de la metáfora y la estrecha relación entre poesía y filosofía. En la ciudad castellana completó su educación secundaria y, desde allí, comenzó a estudiar –matriculada por libre– la carrera de filosofía en la Universidad Central de Madrid (conocida hoy como la Universidad Complutense). No se instaló en la capital hasta 1924.

1924-1936 Madrid o la aurora de una pensadora
En 1924, por fin se mudó a Madrid, donde estudiaba filosofía en la Universidad Central de Madrid. Dos años después, terminó la licenciatura. Entre sus profesores, se encontraban Manuel García Morente, Julián Beistero, Manuel Bartolomé Cossío y Xabier Zubiri. Al carismático José Ortega y Gasset –a quien siempre consideraría su maestro– lo conoció también durante la licenciatura –en un tribunal de exámenes– aunque no entró en contacto directo con él hasta 1927, año en el que Zambrano comenzó sus estudios de doctorado.
 
Su estancia en la capital abrió un periodo decisivo para ella marcado por una intensa actividad cultural, social y política. Pese a que la metrópolis era de por sí un hervidero creativo, la pensadora malagueña no tardó en integrarse y formar parte de varios círculos intelectuales que, como Jesús Moreno Sanz indica, giraban en torno a Hoja Literaria, Cruz y Raya y Cuatro vientos, así como también el de la prestigiosa Revista de Occidente, en la que publicará a partir de 1933 (VI: 2014, 58). Además, también empezó su actividad articulista, de entre la que destacan sus contribuciones a los periódicos madrileños Libertad, El Liberal y más adelante El Sol. Por otro lado, junto con sus clases, charlas públicas y su compromiso político, también asistía y organizaba con asiduidad encuentros de artistas y escritores. Es más, eran renombradas las meriendas en su domicilio los domingos –ya regulares llegado 1935– y que atraían a un nutrido grupo de la intelectualidad de la llamada Edad de Plata, reuniendo a participantes tan conocidos como Miguel Hernández, Camilo José Cela, Luis Cernuda, José Antonio Maravall, Rafael Alberti, Rosa Chacel y Maruja Mallo, entre otros.

El escenario histórico era el de una España todavía sumida en la dictadura de Primo de Rivera, cuyo fracaso no tardaría en hacerse evidente y en arrastrar con él a la monarquía. Esta situación alentó el compromiso de Zambrano con actividades político-educativas, desde su ingreso en la Federación Universitaria Española (FUE) a finales de 1927, pasando por ser miembro cofundador de la Liga de Educación Social (LES) en 1928 y del Frente Español (FE) (una especie de suprapartido de inspiración orteguiana con tintes fascistas casi inmediatamente disuelto) en 1932, hasta su participación en las Misiones Pedagógicas en 1933. En definitiva, influenciada por el krausinstitucionalismo y a consecuencia de su desatino con la creación del FE y su creciente convencimiento de que no servía para la política de partidos, Zambrano optó por la educación en sentido amplio como herramienta de cambio social y político, que llegará a vertebrar el resto de su obra.
 
En 1930, vio la luz su primer libro: Horizonte del liberalismo. Se trata de un texto político, en el que su visión se empieza a distanciar de la de Ortega, a la vez que expresa la necesidad de lo que Ana Bundgård acertadamente describe como un liberalismo espiritual. Ya en esta obra tan temprana expresa una dura crítica hacia la razón dominante, al tiempo que también se vislumbra su anhelo y búsqueda de una razón diferente, tal y como queda patente en esta frase, con la que concluye el libro: “cuando la razón estéril se retira, reseca de luchar sin resultado, y la sensibilidad quebrada solo recoge el fragmento, el detalle, nos queda solo una vía de esperanza: el sentimiento, el amor, que, repitiendo el milagro, vuelva a crear el mundo.” (I: 2015, 104)
 
El año 1934 señala el nacimiento de Zambrano como pensadora independiente y original con la publicación de dos artículos clave en la Revista de Occidente, concretamente “Por qué se escribe” y “Hacia un saber sobre el alma”, que marcaron su salida del paradigma filosófico de Ortega. No obstante, pasarán muchos años todavía hasta que Zambrano formulara su razón poética, cuya práctica no alcanzará su madurez hasta la segunda mitad de la década de los 60.
 
Pese a su desencanto con la política de partidos, tanto su ideología como su trayectoria de compromiso sociocultural y político la llevaron a hacer campaña a favor de la Segunda República (1931-1936) tanto antes de su proclamación como frente al desencadenamiento de la guerra civil española (1936-1939).
 
1936-1939 La guerra civil
Aunque, como acabamos de ver, la experiencia de Zambrano estuvo marcada por la desilusión ante la política de partidos, especialmente tras su desacierto con el FE, su compromiso para con la República fue en aumento hasta el final de la guerra civil, a la que en Delirio y destino calificó de “suicidio histórico” (VI: 2014, 1026).
 
Ante el golpe de estado, la escritora –que había apoyado activamente la campaña del Frente Popular durante las elecciones de febrero– no titubeó en mostrar su adhesión a la República y fue una de las signatarias del manifiesto fundacional de la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura (18 de julio), el cual contribuyó a redactar.
 
En septiembre de 1936, contrajo matrimonio con el historiador Alfonso Rodríguez Aldave y, posteriormente, se trasladaron a Chile debido al trabajo de su esposo en la embajada de España. Durante su estancia en Santiago de Chile, Zambrano continuó escribiendo y publicando. Así, en 1937 fue responsable de la selección de textos y prólogo de una antología de obras de García Lorca; año también en el que publicó Los intelectuales en el drama de España, una colección de ensayos escritos durante la guerra donde, además de estudiar las diferencias entre idealismo y fascismo, se esfuerza por comprender el papel que intelectuales españoles desempeñaron en el advenimiento y desenlace de la guerra civil.
 
No cabe duda de que, a pesar de la distancia geográfica que la separaba de su país, la preocupación de Zambrano por la causa republicana no mermó durante su estancia en el continente americano. Tanto es así, que en junio de 1937 ella y su marido regresaron a España para brindar su apoyo personalmente a la República.
 
A su regreso, su esposo se incorporó al ejército republicano y ella fue nombrada Consejero de Propaganda y Consejero Nacional de la Infancia Evacuada. En un principio, vivió en Valencia, donde formó parte del equipo de edición de Hora de España. Además, participó en varias actividades culturales, de entre las que destaca, su asistencia, junto a una plétora de intelectuales de renombre, a la ya legendaria Segunda Conferencia Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura organizada por la Alianza de Intelectuales Antifascistas.
 
Cuando el gobierno republicano se vio obligado a replegarse, Zambrano se trasladó a Barcelona en 1938, donde su padre murió en octubre de ese año. Durante su estancia en la ciudad condal, continuó escribiendo para Hora de España en defensa de la República y colaboró con la Revista de las Españas. El 28 de enero de 1939, cuando se perdió toda esperanza de una victoria republicana, Zambrano cruzó los Pirineos en compañía de su madre, dos primos menores y un sinfín de otros republicanos que emprendieron el viaje al exilio.
 
1939-1984 El largo exilio
Con la derrota de la República, María Zambrano cruzó la frontera de los pirineos en enero de 1939 (en total casi medio millón de refugiados cruzaron la frontera desde el inicio de la contienda), embarcándose así en un exilio marcado por la itinerancia, con estancias de diversa duración en Francia, México, Cuba, Puerto Rico, Italia, y Suiza que se prolongarían hasta que en 1984 finalmente regresó a España.
 
Poco después de salir del país, se unió a su marido y ambos se dirigieron a París. Tan pronto como se separaron del resto de los republicanos con los que cruzaron la frontera, Zambrano recuerda en Delirio y destino como se sintieron diferentes: “Tuvieron esa revelación: no eran iguales a los demás, ya no eran ciudadanos de ningún país, eran exiliados, desterrados, refugiados...” (VI: 2014, 1052). Fue entonces el momento que sin duda marcó un antes y un después en la vida y el pensamiento de la autora.
 
Durante su estancia en París, aceptó una invitación de La Casa de España, México, donde impartió una serie de conferencias y seguidamente enseñó en la Universidad de San Nicolás de Hidalgo, en Morelia. En ese año 1939, la pensadora también publicó dos libros paralelos –Pensamiento y poesía en la vida española y Filosofía y poesía– en los que vuelve a plantearse cómo superar la crisis de la razón moderna, cuya clave para ella reside en ahondar más en la relación entre estas dos formas de conocimiento: filosofía y poesía.
 
Sin embargo, en Morelia no recibió el apoyo institucional ni la integración en círculos intelectuales que anhelaba. En 1940, mientras estaba de visita en Cuba, su acuerdo con la Universidad Mexicana (no tenía contrato) fue rescindido por razones que aún no están claras, de manera que extendió su estancia en la isla de manera indefinida. Allí, además de forjar amistad con Lezama Lima y Gustavo Pittaluga, entre otros, también publicó un breve ensayo titulado El freudismo, testimonio del hombre actual, donde ofrece una reflexión sobre el psicoanálisis y sobre las exigencias de la vida moderna. Asimismo, también vio la luz Isla de Puerto Rico (Nostalgia y esperanza de un mundo mejor), donde Zambrano explora el concepto de la isla como utopía, una idea a la que más tarde regresaría en “La Cuba secreta” (1948).
 
Pese a la distancia, la mirada de Zambrano seguía puesta en Europa, puesto que su madre y su hermana pronto se vieron atrapadas en el París ocupado por los nazis. Esta preocupación por Europa y la sensación de crisis impregnaron sus publicaciones durante este período, como queda reflejado en muchos de sus artículos, como “La agonía de Europa” (1940), “La violencia europea” (1941) y “La vida en crisis” (1942).
 

En 1943, se mudó a San Juan, Puerto Rico, donde enseñó en la Universidad de Río Piedras. Ese mismo año publicó La confesión, género literario y método y El pensamiento vivo de Séneca ambos como parte de su búsqueda de una alternativa al racionalismo europeo. En 1945, se editó La agonía de Europa, un breve libro que recoge diversos artículos escritos entre 1940 y 1945.

 
Esta primera etapa de su exilio estuvo particularmente marcada por su continua preocupación por el problema de España: su esencia, sus tradiciones, su historia, así como también su situación y la distancia geográfica que los separaba. La memoria y España –al igual que ocurriera con otros exiliados– se convirtió en uno de sus temas recurrentes, junto con su preocupación por Europa y un sentimiento de crisis generalizado. Sin embargo, lejos de estancarse en la memoria, Zambrano perseveró en la búsqueda de una racionalidad conciliadora y superadora cuyas raíces, que eludían la sistematización, ya habían sido plantadas por las tradiciones estoicas, místicas y humanísticas del pensamiento español.
 
Tras el final de la guerra, en 1946, al averiguar que su madre estaba gravemente enferma y su hermana en un estado emocional precario, Zambrano decidió volar a París. Para cuando logró llegar, su madre acababa de fallecer y se encontró con que su hermana Araceli estaba traumatizada por los padecimientos a los que había estado sometida y decidió entonces que nunca volvería a separarse de ella. Así, las dos hermanas residieron en París hasta 1949, fecha en la que se mudaron a México y de ahí a Cuba. Por otro lado, su marido y ella se habían separado en 1947, aunque el divorcio no se haría formal hasta 10 años después en 1957 (Goretti Ramirez VI: 2014, 164).
 
Al año siguiente, se publicó la compilación de sus primeros ensayos, Hacia un saber sobre el alma, y en 1952 redactó Delirio y destino, una autobiografía novelada centrada en las décadas 1920 y 1930, pero que sin embargo no vería la luz hasta que Mondadori la publicara en 1989.
 
Durante su estancia caribeña, Zambrano nunca dejó de anhelar Europa, de manera que en 1953 ella y su hermana regresaron definitivamente al viejo continente. Se establecieron en Roma donde vivieron, a pesar de sus dificultades financieras, durante once años. Allí su pensamiento de madurez cristalizó en El hombre y lo divino (1955), a través del cual entra en diálogo con Hegel, Nietzsche y Heidegger, al tiempo que explora la relación de la humanidad con lo sagrado. En contraste, tres años después, publicó su libro más expresamente político: Persona y democracia (1958).
 
En 1964, la estancia de las hermanas Zambrano en la Ciudad Eterna llegaría a su fin, al ser expulsadas bajo el pretexto de las quejas ocasionadas por los muchos gatos a los que daban cobijo en su apartamento. En consecuencia, María, Araceli y sus acompañantes felinos se trasladaron a La Pièce, cerca de Ginebra, donde permanecerían hasta la muerte de Araceli. Allí, su pensamiento se tornó cada vez más simbólico, al indagar en el papel de los sueños como forma de revelación de la verdad y de conocimiento, tal y como se ve en España, sueño y verdad (1965) y El sueño creador (1965). A estos ensayos les sigue, en 1967, La tumba de Antígona, su única obra dramatúrgica, en la que nos ofrece una exploración de la experiencia del exilio y de las consecuencias de la guerra civil.
 
Tras el fallecimiento de su hermana en 1972, Zambrano –desde su aislamiento voluntario en La Pièce– completó Claros del bosque (1977), en el que ya ejerce plenamente su razón poética desde la que interroga las complejidades del Ser. En consecuencia, su pensamiento se vuelve más hermético, a la vez que demanda la inmersión del lector y su cooperación activa en la interpretación de las cadenas de símbolos y metáforas que llenan sus páginas.
 
En 1978 se trasladó a Ferney-Voltaire, y en 1980 a Ginebra, donde disfrutó de la compañía y el apoyo de muchos de sus amigos y de su primo Mariano Tomero, que llevaba un largo tiempo siendo su inseparable cuidador y quien la acompañaría hasta el final. A pesar del deterioro de su salud, continuó escribiendo hasta el final. Mientras tanto, el nombre de Zambrano se estaba haciendo cada vez más conocido en España. En 1981, obtuvo reconocimiento institucional con la concesión del Premio Príncipe de Asturias, al que le siguieron varios otros honores y la atención de los medios de comunicación. Mientras tanto, se fueron haciendo arreglos para su regreso.
 
1984-1991 El regreso

Hubieron de transcurrir 45 años de exilio y no pocas gestiones. El 20 de noviembre de 1984, a la edad de ochenta años, se produjo por fin el ansiado regreso a España de María Zambrano, concretamente a Madrid, donde residió ya hasta su muerte en 1991. Cuando años atrás recibió el Premio Príncipe de Asturias mientras residía aún en Ginebra, en una entrevista con José Miguel Ullán en Radio Nacional, declaró respecto a la posibilidad de su retorno: “Yo siento la llamada. Yo quiero ir. Pero no quiero tirarme por la ventana. Hay algo que se resiste” (citado por Moreno Sanz VI: 2014, 1052). Efectivamente, se trata de un regreso que nunca fue completo y del que hay que subrayar dos salvedades:

En primer lugar, sería engañoso afirmar simplemente que después de casi medio siglo María Zambrano volvió a España, a Madrid, sin más. Puesto que la España de sus recuerdos de juventud, teñidos de las esperanzas depositadas en la República tanto como de los horrores de la guerra, estaba muy lejos de la España que se encontró a su vuelta. Sus emociones ante la vuelta quedan plasmadas años después en una conocida carta abierta publicada en 1989 en ABC: “Amo mi exilio”. Allí se expresa en los siguientes términos: “de vez en cuando no duele, no, no es que me duela, es una sensación como de quien ha sido despellejado, como San Bartolomé, una sensación ininteligible, pero que es.” (VI: 2014, 778).

En segundo lugar, pese a que los medios interpretaron el retorno de la pensadora como el final simbólico del exilio republicano, el periódico El País, en concreto, anunció que “Con el retorno a España de la escritora María Zambrano finaliza el exilio español de 1939”, Zambrano nunca renunció a su exilio y así lo manifestó con claridad en el ya mencionado texto anterior: “Yo no concibo mi vida sin el exilio que he vivido” (VI: 2014, 778). La experiencia del exilio no solo marcó de manera definitiva su vida, sino también su pensamiento, y por ende su identidad, así a continuación la ensayista nos confiesa que “El exilio ha sido como mi patria”.

Zambrano continuó escribiendo (a veces, por motivos de salud, dictando) de manera prolífera hasta el final de sus días. De esta etapa son obras tan decisivas como De la aurora (1986), Notas de un método (1989) y Los bienaventurados (1990). Se trata de textos en los que su lenguaje se desenvuelve de manera elegante por los arrabales de la poesía y de la mística, sin llegar a convertirse en ninguno de los dos. En definitiva, estamos ya ante la exquisita madurez de su razón poética.

En 1987 se estableció la Fundación María Zambrano, gracias a la cual sus manuscritos, cartas y biblioteca personal han sido preservados y puestos a disposición de los investigadores. Al año siguiente, en 1988, a los sucesivos reconocimientos se añadió el del Premio Cervantes, convirtiéndose así en la primera mujer en recibirlo. Finalmente, también hay que destacar la publicación en curso de una edición crítica de sus obras completas dirigida y editada por Jesús Moreno Sanz, que –además de un extenso aparato crítico– incluye anotaciones personales, versiones anteriores de obras publicadas, manuscritos inéditos, así como borradores de manuscritos que permanecerán por siempre inacabados. Se trata de uno de los pasos más cruciales para la difusión del legado de la escritora, a cuyo esfuerzo nos sumamos desde el GloMa, contribuyendo, mediante la publicación del glosario de palabras clave, a facilitar el acceso y comprensión de su obra. Sin más, te invitamos a continuar explorando el glosario para así adentrarte en el pensamiento de esta singular filósofa.

 
Para saber más

Abellán, José Luis. 2006. María Zambrano: una pensadora de nuestro tiempo. Rubí, Barcelona: Anthropos.

Bundgård, Ana. 2005. “El liberalismo espiritual de María Zambrano: Horizonte del liberalismo,” Journal of Spanish Cultural Studies 6: 21-41.

___. 2009. Un compromiso apasionado: María Zambrano: una intelectual al servicio del pueblo (1928-1939). Madrid: Trotta.

Moreno Sanz, Jesús. 2014. “Cronología de María Zambrano”. En María Zambrano. Obras completas, ed. Jesús Moreno Sanz, vol. VI, 47-126. Barcelona: Galaxia Gutenberg. Aquí, Moreno Sanz nos proporciona detallada y rigurosa cronología bio-bibliográfica que ha sido la fuente principal para este texto.

Zambrano, María. 2002. Cartas de La Pièce: (Correspondencia con Agustín Andreu), ed. Andreu Rodrigo. Valencia: Pre-Textos. Para saber más sobre los años de La Pièce.

___. 2014. “Amo mi exilio”. En María Zambrano. Obras completas, ed. Jesús Moreno Sanz, vol. VI, 777-779. Barcelona: Galaxia Gutenberg.

S.A. 1984. “Con el retorno a España de la escritora María Zambrano finaliza el exilio español de 1939″ El País.

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